El departamento del Cauca es conocido a nivel mundial como un referente su carácter multiétnico y pluricultural presente en todo su territorio y plasmado en las estrofas de su himno, donde nos dice que “blancos, indios y negros, una sola ilusión. Hijos de la misma tierra hijos de la misma flor”.
Sin embargo, esta particularidad que lo hace tan destacado se ha visto fuertemente atacada por un conflicto social y político de siglos, el evidente abandono estatal y la dominación histórica de una clase política que ha visto en la diversidad más que una potencialidad, una potente amenaza a la que han querido siempre subyugar.
Hoy a 3 días de haber celebrado la semana de la afrocolombianidad y ad portas de asistir a lo que podría ser la elección histórica de Francia Márquez, mujer afrodescendiente del Municipio de Suarez, Cauca, como Vicepresidenta de la República, reaparecen los representantes del establecimiento a través de sus pasquines, para presentar evaluaciones de resultados sin fundamentos y queriendo culpar a los procesos étnicos hoy gobernantes en el territorio, de los males históricos que sufre el departamento y a los que ellos como descendientes del legado de la Colonia, en siglos no pudieron resolver (porque han sido parte ancha y amplia del poder y sus gobiernos dejaron mucha más deuda histórica). Vociferan en un tono muy propio de quien se resiste a la imparable fuerza de la evolución, que Elías Larrahondo primer Gobernador Afrodescendiente del departamento, podría pelearse el título de peor gobernante con Floro Tunubala, único gobernante Indígena que ha tenido el departamento, sin un análisis a conciencia, sin reparar, en un juicio sin derecho a la defensa. Juzgan sin derecho a controvertir, por el simple hecho de ser indígena o negro, porque no toleran la idea de igualdad, porque no resisten sentirse gobernados por esos que creen inferiores, porque esos a los que la colonia les dio derecho a mandar y esclavizar, ya no se quieren arrodillar.
Nos hacen parte de su pensamiento, a través de medios de comunicación que dejan de lado su objetividad y contribuyen sistemáticamente a ofrecer una imagen sesgada que favorece la polarización elitista, profunda e ideológicamente edificada entre un “nosotros” y un “ellos”. Olvidan escandalosos episodios de corrupción como Probolsa en el gobierno de Guillermo Alberto Gonzales, las relaciones con el paramilitarismo que llevaron a prisión a Juan José Chaúx o el caso Indeportes de los gobiernos de Temístocles Ortega y Oscar Campo.
¿Pero qué importa verdad?, lo malo aquí, es el color de la piel.
