El terremoto cambió la mañana de Cali en cuestión de segundos. A las 7:34 a. m. del lunes 10 de agosto, el fuerte movimiento sorprendió al alcalde Alejandro Eder mientras participaba en una entrevista radial. Lo que siguió fueron horas de incertidumbre, edificios colapsados, familias buscando a sus seres queridos y una ciudad obligada a enfrentar una de sus emergencias más difíciles. Desde ese momento, Eder pasó de la agenda cotidiana de la Alcaldía a liderar una respuesta concentrada, principalmente, en una prioridad: salvar vidas.
Durante las primeras horas se activó el Sistema Distrital de Gestión del Riesgo y comenzó a operar el Puesto de Mando Unificado. A medida que aparecían reportes de personas atrapadas, Eder pidió apoyo a otras ciudades y coordinó la llegada de bomberos y rescatistas. También se declaró la calamidad pública y la alerta roja hospitalaria, se estableció toque de queda y se reforzó con Fuerza Pública la seguridad en puntos afectados.
Los días siguientes pusieron al alcalde frente a una ciudad herida. Eder permaneció al frente del PMU y recorrió sectores golpeados por el terremoto. Desde allí entregó balances, acompañó a familias y siguió de cerca operaciones en edificaciones donde existían posibilidades de encontrar sobrevivientes. Con el paso de las horas llegaron equipos de rescate de diferentes regiones del país y se fortaleció la coordinación con el Gobierno Nacional, la Gobernación del Valle y organismos de emergencia.
El rescate de Diana, una esperanza entre los escombros
Uno de los momentos que más marcó estas jornadas fue el rescate de Diana. Al referirse públicamente a que había sido encontrada con vida, Alejandro Eder se mostró profundamente emocionado y agradeció a los bomberos de Cali, Yumbo, Jamundí y Bogotá que participaron en la operación. “Muy felices por el rescate de Diana, nos llena de esperanza”, expresó entonces. Fue una imagen diferente a la del funcionario entregando cifras: la de una persona conmovida por una vida que logró salir de los escombros.
Pero la emergencia también puso a prueba la capacidad logística de la ciudad. Se organizaron centros de acopio para canalizar la solidaridad ciudadana y posteriormente se centralizó la recepción de ayudas. Cali también recibió asistencia procedente de otros lugares de Colombia y del exterior, mientras miles de voluntarios comenzaron a aportar alimentos, agua, insumos y trabajo.
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El terremoto en Cali obliga a revisar colegios e infraestructura
La respuesta ha ido mucho más allá de los rescates. La Alcaldía inició evaluaciones de infraestructura, avanzó en el censo de damnificados y comenzó a revisar las condiciones de las instituciones educativas. De las 338 sedes públicas de Cali, 214 reportaron afectaciones; de las primeras 99 evaluadas, 63 fueron consideradas habitables y se preparan para recibir nuevamente estudiantes el 24 de agosto. Para quienes todavía no puedan regresar a sus aulas, se anunciaron alternativas educativas y la continuidad del Programa de Alimentación Escolar.

Alejandro Eder también ha enfrentado rechazo en las calles
No todos los momentos han sido de reconocimiento. En medio de la tensión provocada por la tragedia, Eder también ha enfrentado reclamos y rechazo de algunos ciudadanos inconformes con la respuesta institucional. De acuerdo con la información suministrada, durante uno de sus recorridos fue increpado por varias personas y posteriormente impactado por una piedra, lo que obligó a su esquema de seguridad a retirarlo del lugar.
El episodio muestra otra dimensión de gobernar durante una catástrofe. Las autoridades tienen la obligación de responder y rendir cuentas, y los ciudadanos conservan su derecho a cuestionar y exigir resultados; la agresión física, sin embargo, sobrepasa ese ejercicio legítimo de protesta.
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Una ciudad que todavía busca vida
Cinco días después, la emergencia no termina. La llamada “ventana de vida” fue ampliada y los rescatistas siguen trabajando en puntos donde existen indicios que justifican mantener las operaciones especializadas. Alejandro Eder continúa participando en el PMU mientras Cali intenta pasar, poco a poco, de la búsqueda y atención inmediata hacia una recuperación que tomará mucho más tiempo.
En estos días se le ha visto dando instrucciones, recorriendo zonas afectadas, agradeciendo ayudas, hablando con rescatistas y también conteniendo las lágrimas. Su gestión deberá ser evaluada con cifras, decisiones y resultados cuando exista un panorama completo de la emergencia. Pero hay una imagen que estos primeros días ya dejan: la de un alcalde enfrentando desde el territorio una tragedia que transformó a Cali y que, como a miles de caleños, también lo ha confrontado con el dolor, la esperanza y la enorme responsabilidad de volver a levantar la ciudad.
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