Entre la muerte y el liderazgo
El titular puede incomodar. Y está bien. Porque la vida de Rosana Mejía Caicedo no se puede narrar desde la comodidad ni desde la neutralidad. Su historia se mueve en una frontera real: entre la amenaza y la dignidad, entre el miedo y la convicción, entre la violencia estructural y el liderazgo legítimo
De Caloto al liderazgo social
Rosana no es una política tradicional. Es una lideresa social nacida en el territorio, formada en él y marcada por él. Oriunda de Caloto, norte del Cauca, mujer de origen humilde, de carácter firme, voz serena y sabiduría ancestral, se ha ganado el respeto no solo de las comunidades afrodescendientes, sino también de comunidades indígenas y de los distintos gobiernos de turno. No por discurso, sino por coherencia.
No representa necesidades: las ha vivido.
Su liderazgo no surge del activismo simbólico, sino de la organización real. Se formó para representar a su gente: es politóloga, administradora pública, lideresa afrodescendiente y defensora reconocida de los derechos humanos y colectivos del pueblo negro del norte del Cauca. Formación técnica, conciencia política y raíz comunitaria en una sola trayectoria.

ACONC, derechos humanos y gobernanza étnico-territorial
Entre 2012 y 2015 integró el Comité de Impulso para la creación de la Secretaría de la Mujer del municipio de Caloto. Entre 2015 y 2017 fue parte de la Junta Directiva de ACONC. Entre 2017 y 2019 fue Consejera de Derechos Humanos de la Asociación de Consejos Comunitarios del Norte del Cauca. Fue Representante Legal de ACONC en los periodos 2020–2022 y 2023–2025, liderando procesos de gobernanza étnico-territorial, articulación interétnica y diálogo institucional con el Gobierno Departamental y Nacional.
Pero su liderazgo no se ejerció desde escritorios. Se ejerció en conflictos territoriales, en tensiones interétnicas, en escenarios de movilización social y en la defensa directa de los territorios colectivos de las comunidades negras.
Impulsó acciones estratégicas durante la consulta del Decreto 0129 de 2024, un hito en el reconocimiento jurídico de los derechos de las comunidades afrodescendientes y la protección de sus territorios ancestrales.

Rosana Mejía y la Curul de Paz: coherencia histórica y representación de las víctimas
Por eso hoy su nombre no aparece por oportunismo político. Aparece por coherencia histórica. Rosana Mejía, hoy pone su nombre en consideración para la Circunscripción Especial de Paz (Curul de Paz), en representación de las víctimas del conflicto armado del PDET Alto Patía – Norte del Cauca.
Su agenda política y social es: seguimiento real a la Ley 1448 de 2011, veedurías efectivas a los procesos de reparación, articulación entre la institucionalidad del Acuerdo de Paz y las comunidades, fortalecimiento del desarrollo rural y dignificación de la vida campesina y territorial.
Pero hay una verdad que no se puede maquillar: Rosana ha vivido el riesgo. Ha caminado bajo amenaza, ha enfrentado atentados y ha tenido su vida y la de su círculo cercano en peligro real. El más reciente ocurrió en agosto de 2022, al inicio del actual Gobierno Nacional, aun así, no se fue, no se escondió, no abandonó el territorio. Se quedó.
Resistencia política y dignidad: quedarse cuando otros se van
Con miedo, sí. Con zozobra, también. Pero con una decisión más fuerte: seguir. Por sus hijos, por su familia, por sus comunidades y por las víctimas que no tienen voz. Siguió y sigue recorriendo el Cauca, construyendo liderazgo, organizando procesos, defendiendo derechos, y habitando el territorio que otros abandonan.
Eso no es victimización, eso es resistencia política, eso es liderazgo real. Por ello, desde esta casa editorial reconocemos su trayectoria y su valentía. Porque poner el nombre en su aspiración para la Curul de Paz desde este territorio no es ambición: es responsabilidad histórica. Y avanzar, incluso en medio del riesgo, ya es una forma de dignidad.
