El terremoto del 10 de agosto dejó destrucción, familias damnificadas y una emergencia que desbordó las fronteras entre departamentos. Pero mientras avanzaban las labores de atención, en Cauca y Valle del Cauca comenzó a ocurrir algo más: empresas en el suroccidente, organizaciones humanitarias, medios de comunicación, ciudadanos y entidades públicas empezaron a movilizar lo que tenían para ayudar.
No todos podían aportar de la misma manera. Algunos pusieron dinero; otros, vehículos y capacidad logística. Hubo quienes entregaron alimentos, elementos de aseo, materiales de construcción o simplemente llegaron hasta un punto de recolección con una bolsa entre las manos.
Las iniciativas fueron independientes y sus cifras no corresponden a una misma campaña. Sin embargo, vistas en conjunto permiten contar otra historia que dejó la emergencia: la de un suroccidente que comenzó a responder desde distintos sectores cuando varias de sus comunidades atravesaban uno de sus momentos más difíciles.

CEO puso vehículos, logística y trabajadores al servicio de las ayudas
Una de esas respuestas surgió en Cauca. La Compañía Energética de Occidente (CEO) puso a disposición vehículos, capacidad logística y personal para respaldar una iniciativa desarrollada junto con la Cruz Roja y otras empresas.
La jornada permitió reunir 8,5 toneladas de ayudas, entre alimentos, kits de aseo y alimento para animales de compañía.
También fueron recolectados 77 bultos de cemento, equivalentes a 3.850 kilogramos, un aporte que llevó la solidaridad más allá de las necesidades inmediatas y sumó materiales que pueden contribuir en la recuperación de las familias afectadas.
Para CEO, participar significó utilizar capacidades que normalmente hacen parte de su operación y ponerlas temporalmente al servicio de una necesidad colectiva.
“Quisimos poner a disposición lo que tenemos: nuestros vehículos, nuestra logística y, sobre todo, la voluntad de nuestra gente para ayudar a que estas familias puedan comenzar a levantarse nuevamente”, afirmó Isabel Cristina Tobar, jefe de Sostenibilidad de CEO.

La Cruz Roja ayudó a convertir las donaciones en respuesta humanitaria
En esa misma movilización participó la Cruz Roja, que recibió aportes de sus voluntarios y de las empresas vinculadas a la iniciativa.
Alejandro Solarte, coordinador de grupo de apoyo de la organización, destacó la entrega de alimentos, materiales de construcción, kits de aseo y agua que serían distribuidos entre personas afectadas por la emergencia.
Su participación muestra otro eslabón necesario detrás de una donación: reunir productos es apenas una parte del proceso. Clasificarlos, organizarlos y contribuir para que puedan llegar a quienes los necesitan también requiere capacidad humana y logística.
Así, empresas y organizaciones humanitarias terminaron encontrándose alrededor de una misma necesidad, cada una aportando desde las posibilidades que tenía disponibles.

Las empresas del Valle llevaron la solidaridad hasta la reconstrucción
Mientras algunas iniciativas respondían con alimentos, elementos básicos y logística, otras empresas en el suroccidente comenzaron a mirar hacia una etapa que será mucho más larga: reconstruir lo que dejó el terremoto.
Empresas del Valle del Cauca y compañías con operaciones en el departamento comprometieron $220.000 millones, a través de ProPacífico, para atender la emergencia y respaldar la reconstrucción de Cali, Buenaventura y el norte del Valle.
Entre las compañías reportadas con aportes superiores a $10.000 millones aparecen Sidoc, Colombina, Carvajal, Fanalca, Celsia, Amalfi, Manuelita y Organización Delima.
También se reportó la participación de Smurfit Westrock, Banco de Occidente, Bivien, Grupo Diana, Jaramillo Mora, Colgate, Grupo Pichucho, Laboratorios Edo, Clínica de Occidente, Datecsa, Finesa, Supertiendas Cañaveral y Coomeva.
La dimensión de estos recursos muestra cómo la respuesta empresarial comenzó a evolucionar: de atender las primeras necesidades de la emergencia a prepararse para una recuperación que requerirá inversiones y trabajo durante los próximos meses.

Tropicana convirtió los aportes ciudadanos en 15 toneladas de ayuda
La solidaridad tampoco quedó únicamente en manos de grandes organizaciones.
En Popayán, Tropicana, Bésame y Caracol Radio convocaron a la ciudadanía y consiguieron reunir 15 toneladas de ayudas humanitarias.
Durante varios días llegaron alimentos no perecederos, cobijas, ropa, colchonetas y otros productos de primera necesidad. Los elementos fueron recibidos, clasificados y preparados antes de comenzar su despacho, el 15 de agosto, hacia comunidades afectadas del norte del Valle del Cauca.
Detrás de esas toneladas estuvieron los aportes individuales de ciudadanos que respondieron a la convocatoria.
La campaña terminó conectando dos departamentos golpeados de diferentes maneras por la misma emergencia: desde Popayán, en Cauca, salieron equipo de busqueda y rescate, como ayudas reunidas por sus habitantes para las familias damnificadas en Valle del Cauca.
La Gobernación del Cauca articuló otra gran movilización
La respuesta también involucró al sector público.
La gobernación del Cauca articuló una campaña que logró movilizar más de 80 toneladas de ayudas humanitarias, destinadas a comunidades afectadas tanto dentro como fuera del departamento.
La movilización permitió que la respuesta institucional se conectara con los aportes de ciudadanos y otros sectores que buscaban acompañar a las poblaciones damnificadas.
De esta manera, las ayudas que comenzaron a reunirse en la Casa de la Moneda terminaron recorriendo carreteras y cruzando límites departamentales.

Cuando ayudar dejó de depender de quién era Cauca o quién era Valle
El terremoto golpeó ciudades, municipios y familias, pero la solidaridad comenzó a borrar durante esos días algunas de las fronteras que normalmente separan al suroccidente. Empresas pusieron recursos y logística; organizaciones humanitarias aportaron experiencia; medios convocaron; instituciones articularon esfuerzos y miles de ciudadanos ayudaron desde sus posibilidades. Ninguno podía responder por sí solo a una emergencia de esta dimensión, pero cada aporte encontró una manera de sumarse.
Y quizá allí está una de las historias que también deja la tragedia. El suroccidente no es solamente Cauca, Valle del Cauca, Nariño o Chocó vistos por separado: es una región conectada por sus carreteras, empresas, instituciones, comunidades y personas.
Cuando una parte fue golpeada, desde otros lugares comenzaron a salir vehículos, toneladas de alimentos, materiales, recursos y manos dispuestas a ayudar. En medio de las pérdidas, esa respuesta recordó algo que pocas veces resulta tan visible como durante una emergencia: levantarse puede ser posible cuando una región decide hacerlo unida.
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