En medio de un escenario político cada vez más marcado por tensiones internas y decisiones unilaterales, el presidente Gustavo Petro ha comenzado a marcar una clara distancia con su canciller, Laura Sarabia, a quien ha desautorizado públicamente en dos ocasiones durante el último mes.
En contraste, el mandatario ha ratificado como figura clave de su gobierno al ministro del Interior, Armando Benedetti, a pesar de los antecedentes de conflicto entre ambos funcionarios.
Fue figura sobresaliente
Sarabia, quien fue una de las figuras más poderosas del gobierno en sus primeros años, ha perdido notable influencia.
De haber manejado decisiones estratégicas, agendas y nombramientos, ha pasado a ocupar un rol más periférico, algo evidente incluso en la distribución de puestos en los consejos de ministros, donde ya no se le ubica junto al presidente.
En el último encuentro del gabinete, fue relegada a una silla en el extremo, mientras Benedetti se sentó al lado del jefe de Estado.
#LoÚltimo | La canciller Laura Sarabia respondió a los rumores de un distanciamiento con el presidente Gustavo Petro. Aseguró que son “chismes de pasillo” y que pese a que tiene diferencias con el mandatario, siempre ha habido “una conversación franca”. pic.twitter.com/2caJKbIV4g
— La FM (@lafm) May 8, 2025
Choques públicos y decisiones unilaterales
Uno de los episodios más reveladores de esta fractura ocurrió el pasado 14 de abril, cuando Sarabia felicitó a Daniel Noboa por su reelección como presidente de Ecuador, en lo que se entendió como una posición oficial del Gobierno colombiano.
Sin embargo, dos horas después, Petro contradijo ese mensaje, cuestionando los resultados del proceso electoral en Ecuador y sembrando dudas con información imprecisa. La acción dejó en evidencia una preocupante falta de coordinación entre el mandatario y su canciller.
Más recientemente, Sarabia convocó a la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores para discutir un posible acuerdo con China en el marco de la Ruta de la Seda.
La cita, que involucraba expresidentes y diplomáticos de alto nivel, fue abruptamente cancelada luego de que el presidente se manifestara en contra.
“Yo soy el jefe de las relaciones exteriores de Colombia, dice la Constitución”, afirmó Petro, desacreditando la gestión de su canciller en un acto público.
Pese a la creciente distancia con el presidente, Sarabia no tiene intención de renunciar. La canciller, de hecho, acaba de obtener un logro significativo con la elección de Laura Gil como secretaria adjunta de la OEA. Sin embargo, su margen de acción parece cada vez más reducido en un gobierno donde las desautorizaciones son públicas y la gestión se enfrenta a controversias internas recurrentes.
El presidente Gustavo Petro volvió a desautorizar a la canciller Laura Sarabia: “Ahí citaron a la Comisión Asesora. No, yo soy el jefe de las relaciones exteriores”. https://t.co/if1kX8q65f pic.twitter.com/baSfRoKxzb
— Revista Semana (@RevistaSemana) May 6, 2025
Benedetti, en ascenso diplomático informal
En paralelo, Benedetti ha intensificado su perfil internacional. En el último mes, ha sostenido reuniones por su cuenta con embajadores de la Unión Europea, China y Estados Unidos, a pesar de que esas funciones no le corresponden formalmente.
Para algunos analistas, estas acciones minan el liderazgo de la Cancillería y proyectan una imagen de caos en la política exterior del país.
La situación plantea un reto serio para la estabilidad institucional. La falta de una línea clara en asuntos diplomáticos no solo genera incertidumbre a nivel interno, sino que también podría afectar las relaciones estratégicas de Colombia con potencias clave.
Con la mirada puesta en las elecciones de 2026 y la Consulta Popular impulsada por Petro, el Gobierno parece moverse más por pulsos de campaña que por cohesión administrativa.
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