La guerra en el noreste de Colombia ha tomado un giro alarmante. Las disidencias de las Farc y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) están reclutando ciudadanos venezolanos con experiencia en manejo de drones para ejecutar ataques con explosivos, tanto contra la fuerza pública como entre ellos mismos.
Drones modificados
Según recientes informes, los grupos armados ilegales están utilizando drones modificados con explosivos para incrementar su poder ofensivo.
Esta nueva modalidad de guerra ya deja un saldo trágico, al menos 180 ataques confirmados, ocho soldados muertos, 35 uniformados heridos y tres civiles fallecidos.
Las denuncias, presentadas por habitantes del Catatumbo, advierten que estos grupos están reclutando, a través de canales digitales y chats encriptados, a jóvenes venezolanos que operan como “droneros”.
El término, ya conocido en contextos de narcotráfico en México, empieza a cobrar fuerza en Colombia.
“No solamente el Frente 33. En el Catatumbo también el ELN está, vía chat u otros instrumentos de comunicación, intentando reclutar ‘droneros’”.
La palabra droneros reconocida en México
Esta palabra ya estaba muy expandida en México, donde los carteles están usando este tipo de armas no convencionales, y ahora también se está usando en Colombia”, explicó Laura Bonilla, subdirectora de la Fundación Pares.
De acuerdo con Carlos Soler, experto en seguridad, las estructuras ilegales estarían reclutando jóvenes en Venezuela, recogiendo los drones en el municipio de Villa del Rosario, y trasladándolos al municipio de Tibú, desde donde los operan.
A esta alerta se sumó Luis Andrés Fajardo, ex vicedefensor del Pueblo y actual magistrado auxiliar, quien advirtió que esta práctica es sistemática en la zona fronteriza.
“Las disidencias de las Farc se han enfocado en el reclutamiento, pero el ELN también ha mantenido esta práctica grave, donde no solo se vinculan niños y niñas colombianas, sino también migrantes venezolanos”, señaló.
Las autoridades mantienen la alerta máxima en la región, mientras se investiga el origen de los artefactos y se fortalecen los operativos para frenar esta peligrosa estrategia de guerra no convencional.
La población civil, atrapada en medio del conflicto, exige acciones concretas para frenar el uso de tecnología armada en zonas rurales altamente vulnerables.
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