Una amenaza que revive el miedo político: el caso Lizcano y la inseguridad electoral en Colombia
Un sufragio que reabrió heridas del pasado
La amenaza a Mauricio Lizcano reactivó el miedo político en Colombia a menos de un año de las elecciones presidenciales de 2026. El precandidato denunció que un sufragio con el nombre de su padre, el excongresista Óscar Tulio Lizcano, fue entregado en su sede de campaña en Manizales, evocando los años más oscuros de la violencia política en el país.
El mensaje, acompañado de un ramo fúnebre con la inscripción “Descanse en paz, Óscar Tulio Lizcano”, fue recibido el lunes 6 de octubre, generando alarma entre los miembros del equipo político y la ciudadanía.
Lizcano, exministro de Tecnologías de la Información, calificó el hecho como “un acto de revictimización y una cobarde amenaza contra una familia que ya sufrió el secuestro”. Agregó que esta amenaza a Mauricio Lizcano no solo atenta contra su campaña, sino que constituye “un golpe a la democracia y a las víctimas del conflicto armado”.

Silencio oficial y burocracia frente a la amenaza
El precandidato aseguró que tras conocer el hecho intentó comunicarse con el ministro del Interior, Armando Benedetti, el ministro de Defensa, Pedro Sánchez, y el general Carlos Fernando Triana, director de la Policía Nacional, sin recibir respuesta inmediata.
Según relató, solo un funcionario de la Dirección de Protección y Servicios Especiales (Dipro) respondió solicitando una carta formal para evaluar el caso, lo que Lizcano consideró una reacción burocrática frente a un riesgo inminente.
El alcalde de Manizales, Jorge Eduardo Rojas, confirmó que la floristería desde la cual se envió el sufragio fue identificada y que la compra se realizó de manera virtual.

La inseguridad electoral en Colombia prende alarmas
La amenaza a Mauricio Lizcano se suma a un patrón de violencia política que preocupa a organismos nacionales e internacionales. Durante 2025, los atentados, secuestros y asesinatos de líderes políticos —como el magnicidio del precandidato Miguel Uribe Turbay— han evidenciado que la inseguridad electoral en Colombia sigue siendo un riesgo real para quienes participan en política.
Expertos en derechos humanos advierten que estas agresiones buscan generar miedo y desmovilizar candidaturas, especialmente en regiones donde los grupos armados y las economías ilícitas tienen control territorial.
El eco de un país que no olvida
Mientras avanza la investigación, Lizcano escribió en su cuenta de X: “La violencia no puede volver a ser el lenguaje de la política”, haciendo un llamado a garantizar la seguridad de los candidatos y sus familias.
Su denuncia reabre el debate sobre la urgencia de políticas de protección efectivas para los aspirantes y sobre cómo la democracia colombiana aún enfrenta las sombras de un pasado violento.
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