El más reciente estudio de CB Consultora muestra que la aprobación de Gustavo Petro sigue en retroceso, ubicándolo en el séptimo lugar del ranking de presidentes de Sudamérica.
La aprobación de Gustavo Petro volvió a caer en los índices regionales, según el más reciente Ranking de Presidentes de Sudamérica elaborado por CB Consultora Opinión Pública en octubre de 2025. El mandatario colombiano registra una imagen positiva del 38,1 % frente a un 59,7 % de desaprobación, consolidando una nueva baja en su percepción pública.

A dos años de iniciado su gobierno, la popularidad de Petro atraviesa un momento crítico. El estudio, aplicado en diez países y con más de 11.500 encuestados, muestra que la aprobación de Gustavo Petro descendió 1,1 puntos con respecto a septiembre, cuando marcaba 39,2 %. Este resultado lo ubica por debajo del promedio regional y refleja un evidente desgaste político.
Entre los principales factores que explican este retroceso se mencionan los roces con el Congreso, la inestabilidad dentro del gabinete y la falta de avances concretos en las reformas sociales. La encuesta de CB Consultora sugiere que la ciudadanía percibe un gobierno que ha perdido impulso y enfrenta serias dificultades para mantener la confianza.
En la comparación regional, Lula da Silva (Brasil) encabeza la lista con 48,8 % de imagen positiva, seguido por Javier Milei (Argentina) y Yamandú Orsi (Uruguay). Más abajo figuran los mandatarios de Chile, Ecuador y Paraguay, mientras que la aprobación de Gustavo Petro lo sitúa en la séptima posición.

Por debajo del colombiano aparecen José Jerí (Perú), Luis Arce (Bolivia) y Nicolás Maduro (Venezuela), todos con menos de 30 % de apoyo. En Colombia, la imagen de Petro 2025 también refleja el desgaste dentro de su gabinete, donde varios ministros presentan caídas notables.

El informe evidencia una tendencia regional: los líderes que prometieron grandes transformaciones enfrentan una pérdida acelerada de respaldo. En este escenario, la desaprobación del gobierno Petro marca un desafío crucial para mantener legitimidad en un contexto político cada vez más polarizado.
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