En medio de un conflicto armado que ha sacudido diversas regiones de Colombia, los más vulnerables continúan siendo los civiles, especialmente los niños y adolescentes que conforman la población estudiantil.
Aunque los enfrentamientos son protagonizados por los grupos armados, el impacto directo sobre los menores es devastador, dejando huellas profundas en su acceso a la educación.
Según las cifras más recientes, cerca de 49 mil niños en departamentos como Chocó, Cauca y Nariño se han visto gravemente afectados por los ataques de las estructuras criminales. El inicio del calendario escolar en enero de 2025 se ha visto constantemente interrumpido por los paros armados y las asonadas que siembran el terror en las comunidades rurales.
Zonas de conflicto y sus consecuencias
Chocó, Cauca y Nariño son las regiones más golpeadas por la violencia. En Chocó, municipios como San Juan viven una situación dramática.
Yina Paola Reales, secretaria de Educación del departamento, afirmó que las constantes amenazas y desplazamientos dificultan la presencia escolar.
En Cauca, el municipio de Argelia también se encuentra en una situación crítica, tal como lo ha señalado Sor Inés Larrahondo, secretaria de Educación de la región.
Los ataques de grupos armados, como el ELN y las disidencias de las FARC, han obligado a miles de menores a abandonar sus hogares y desplazarse en busca de refugio, lo que ha interrumpido gravemente su proceso educativo.
La violencia ha alcanzado niveles tales que las escuelas, se han convertido en blancos de ataques o incliso obligadas a cerrar.
Medidas frente a la crisis
A pesar de la complejidad de la situación, las autoridades de educación han intentado adaptarse para evitar que la violencia interfiera por completo con la educación de los menores.
En Norte de Santander, la secretaria de Educación, Laura Cristina Cáceres, destacó que se ha logrado una cobertura de presencialidad del 95%, aunque un pequeño porcentaje de estudiantes continúa tomando clases de manera remota.
A nivel nacional, el llamado a los grupos armados y actores del conflicto es claro: los menores no deben ser víctimas de la guerra. La protección de su derecho a la educación se ha convertido en una prioridad para las autoridades.
Impacto en el desempeño escolar
Un informe reciente de la Pontificia Universidad Javeriana, titulado “El conflicto armado sigue silenciando las aulas de clase”, revela los efectos devastadores de la violencia en el rendimiento escolar.
Según el estudio, realizado con el apoyo de Human Rights Watch, los grupos armados que más influyen en la interrupción educativa son el ELN, las disidencias de las FARC y las estructuras paramilitares.
La deserción escolar es uno de los indicadores más alarmantes, especialmente en los años posteriores a 2021. En algunas regiones del país, las tasas de deserción escolar se han mantenido altas debido a los desplazamientos forzados, el temor y la imposibilidad de acceder a las aulas de clase.
Un futuro incierto para los estudiantes colombianos
La situación que enfrentan miles de estudiantes colombianos es desesperante, y la respuesta del Gobierno Nacional ha sido insuficiente para frenar los efectos de la violencia.
Las autoridades educativas siguen trabajando por mantener abiertas las puertas de las escuelas, pero la incertidumbre sobre el futuro de la población estudiantil persiste. Lo que es claro es que, en medio de la guerra, los niños y jóvenes colombianos siguen pagando el precio más alto.
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