Un informe reciente del Atlantic Council, un influyente centro de pensamiento en políticas estratégicas y asuntos internacionales, advierte sobre las posibles repercusiones de una guerra comercial entre Estados Unidos y Colombia.
La relación bilateral entre ambos países ha sido históricamente sólida, sustentada en acuerdos de cooperación en temas como migración, seguridad, lucha contra el narcotráfico y comercio.
Según el informe, en 2024, el comercio entre ambas naciones alcanzó los $36,7 mil millones, con un superávit comercial de $1,3 mil millones a favor de EE.UU.
Colombia, además, se ha convertido en el principal destino de las exportaciones agrícolas estadounidenses en América del Sur y el tercero en importancia en el hemisferio occidental, gracias al Tratado de Promoción Comercial (TPA, por sus siglas en inglés).
No obstante, el informe destaca que, en enero de 2024, las importaciones de productos chinos superaron a las de EE.UU. en Colombia, lo que genera preocupación en Washington sobre la creciente influencia de China en la región.
Ante este panorama, el gobierno estadounidense ha insinuado la posibilidad de imponer aranceles a productos colombianos, lo que podría desencadenar una guerra comercial con efectos geoestratégicos significativos.
Consecuencias económicas y políticas
Una escalada en las tensiones comerciales impactaría sectores clave como el agrícola y el manufacturero, debilitando la posición de EE.UU. en América Latina en un momento en que China está aumentando su presencia en la región.
De concretarse los aranceles, se pondría en riesgo el acceso preferencial de productos colombianos al mercado estadounidense, lo que afectaría la competitividad de la economía colombiana y las inversiones bilaterales.
Además del impacto comercial, el informe señala que el deterioro en las relaciones entre ambas naciones está ligado a preocupaciones en Washington sobre la gestión del presidente colombiano, Gustavo Petro.
Entre los factores que han generado fricción destacan el aumento de la inseguridad en Colombia, el débil crecimiento económico y la resistencia inicial del gobierno colombiano a cooperar con EE.UU. en vuelos de repatriación de migrantes.
¿Hacia un cambio en la relación bilateral?
El Atlantic Council sugiere que, aunque el TPA sigue siendo un pilar del comercio bilateral, pueden requerirse ajustes interpretativos en algunos aspectos previamente acordados para evitar un conflicto comercial.
El desafío para ambas naciones será encontrar un equilibrio entre sus intereses económicos y estratégicos sin poner en riesgo una relación de décadas que ha sido mutuamente beneficiosa.
A medida que crece la incertidumbre, tanto empresarios como analistas estarán atentos a las próximas decisiones de Washington y Bogotá para evitar un conflicto comercial que podría tener repercusiones a largo plazo en la estabilidad económica y política de ambos países.
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