El guardián de la memoria médica del Cauca
A sus ojos, cada fotografía es un latido detenido en el tiempo. Para el profesor Jaime Antonio Álvarez Soler, médico patólogo y docente de la Universidad del Cauca, rescatar la memoria médica del Cauca no es solo un acto académico: es una manera de mantener viva el alma de una institución que por 75 años ha enseñado a cuidar la vida.
Una exposición que revive la historia de la medicina en Cauca
En el marco de la conmemoración de las siete décadas y media del Programa de Medicina, la Facultad de Ciencias de la Salud abrió sus puertas a una exposición médica única. Es el resultado de una investigación de años, nacida de la tesis doctoral del profesor Álvarez, quien se propuso reconstruir la historia del programa, ausente hasta entonces en los archivos oficiales de la Universidad del Cauca.

En el Archivo Histórico José María Arboleda Llorente, el docente halló imágenes que dormían en el silencio del papel. Las amplió, las restauró y las convirtió en cápsulas del tiempo que hoy pueden contemplarse en los pasillos universitarios. En ellas se observan los primeros estudiantes practicando con modelos anatómicos, los experimentos con las primeras tecnologías médicas —como el oftalmoscopio y la máquina de anestesia de 1956— y los rostros de quienes fundaron una tradición que hoy trasciende generaciones.
“Nos inyectábamos unos a otros, auscultábamos, aprendíamos en el ensayo y error”, recuerda el profesor con una sonrisa que mezcla nostalgia y orgullo. Esas escenas, hoy recuperadas, muestran una forma de aprender donde la curiosidad era tan importante como la técnica.

Ciencia, ética y humanismo en la memoria médica del Cauca
La obra del profesor Álvarez va más allá del rescate fotográfico. Su trayectoria en Medicina Legal y su trabajo con comunidades indígenas del Cauca le han permitido humanizar la mirada hacia la muerte y transformar la pedagogía médica desde la empatía. “El maestro puede hacer mucho bien o mucho mal. Por eso la educación debe ser un espacio de inclusión y encuentro con la diferencia”, afirma.
Inspirado en pensadores como Estanislao Zuleta y Hannah Arendt, el profesor enseña que la medicina no solo se aprende con libros, sino acompañando y comprendiendo al otro. En su laboratorio de Patología desarrolla procesos de plastinación, una técnica de conservación anatómica que busca dejar una colección pedagógica para las nuevas generaciones. “Educar con el cuerpo, con lo tangible, ayuda a comprender mejor la enfermedad y la vida”, explica.

Un legado que trasciende generaciones
Desde que el programa fue creado en 1950 —tras la refundación de la primera Facultad de Medicina fundada en 1835—, su misión ha sido formar médicos al servicio de la vida. Y hoy, 75 años después, esa promesa se renueva con cada historia recuperada, con cada fotografía que vuelve a respirar como parte de la memoria médica del Cauca.
“El legado de la medicina caucana se pierde si no dejamos huella”, dice el profesor Álvarez. “Las instituciones nos trascienden; los seres humanos pasamos, pero la Universidad permanece”.
La exposición que hoy acoge la Facultad de Ciencias de la Salud no solo celebra un aniversario. Es un homenaje a quienes han hecho de la medicina una ciencia con alma, y al profesor que ha sabido escuchar la voz del pasado para iluminar el futuro.
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