En un acto de profundo dolor y respeto, la ciudad de Popayán despidió este jueves 13 de marzo a los cinco soldados asesinados en el cruel atentado ocurrido en la vereda La Esperanza, municipio de Balboa, Cauca.
El homenaje, cargado de luto y reflexión, evidenció la cruda realidad que atraviesan las familias de los uniformados. Además, la compleja situación de orden público que enfrenta la región por culpa de los grupos armados ilegales.
El ataque, atribuido a las disidencias de las Farc, dejó cinco militares muertos y 16 más heridos. Según informaciones del Ejército Nacional, el frente Carlos Patiño fue el responsable de la emboscada que se llevó a cabo con explosivos instalados en la carretera, afectando una caravana militar y policial que se dirigía hacia el corregimiento de El Plateado, municipio de Argelia.
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Homenaje a los héroes caídos
Los restos mortales de los cinco militares fueron despedidos con los máximos honores por parte de la Tercera División del Ejército Nacional. En la ceremonia, compañeros de los caídos, familiares y ciudadanos rindieron tributo a su valentía y entrega en la defensa de la seguridad y la estabilidad del país.
Las víctimas del atentado fueron:
- Sargento viceprimero Harold Paredes Mena – Barranquilla, Atlántico.
- Sargento segundo Yeisson Antonio Angulo Mora – Ibagué, Tolima.
- El Soldado profesional Miguel Ángel Lamprea Herrera – Vistahermosa, Meta.
- Uniformado Wilder Sarasa Álvarez – Pitalito, Huila.
- Soldado profesional Raúl García López – Socorro, Santander.
Mientras tanto, los 16 heridos siguen recibiendo atención médica en diversos hospitales de Popayán y el Cauca. Tres de ellos permanecen en estado crítico.
Un llamado a la reflexión y la paz
La muerte de estos militares enluta no solo a sus familias, sino a toda la nación. Cada soldado caído deja atrás una historia de sacrificio y servicio, así como padres, esposas e hijos que hoy enfrentan un vacío irremplazable.
Este ataque es un recordatorio de la violencia que sigue golpeando al Cauca y de la deuda histórica que el país tiene con las regiones afectadas por el conflicto armado.
Una deuda que se esperaba fuera saldada con el “gobierno del cambio”, pero que, en lugar de traer paz y esperanza, solo ha sumido a la población del Suroccidente Colombiano en un horror cada vez mayor. La ilusión de un futuro libre de violencia se ha desvanecido con el tiempo, dejando a su paso más dolor y desesperanza.
En medio del dolor, el Ejército Nacional reafirmó su compromiso de combatir a los grupos criminales y brindar seguridad a la población. Sin embargo, la realidad es que el conflicto sigue desangrando al Cauca, dejando tras de sí huellas imborrables de luto y desesperanza.
Hoy, Popayán despide a sus héroes con respeto y gratitud, pero también con una pregunta que sigue sin respuesta: ¿hasta cuándo el Cauca seguirá siendo escenario de dolor y violencia?
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