Salvajina: 40 años de la obra que transformó para siempre la historia del Valle del Cauca
Un megaproyecto clave para la regulación del río Cauca y la seguridad energética
La Central Hidroeléctrica de Salvajina cumple 40 años desde su inauguración oficial, un hito que marcó un antes y un después en la historia del Valle del Cauca. Desde 1985, el embalse Salvajina no solo regula el comportamiento del río Cauca, sino que ha sostenido buena parte de la energía en el Valle del Cauca, consolidándose como una de las infraestructuras más importantes del suroccidente colombiano.
Hoy, Salvajina se encuentra al 56 % de su nivel, preparándose para enfrentar la próxima temporada de disminución de lluvias, cumpliendo su papel estratégico en la regulación del río Cauca y en la prevención de inundaciones.

Un proyecto visionario que tomó casi una década en hacerse realidad
La historia de la Central Hidroeléctrica de Salvajina comenzó entre 1977 y 1981 con las obras preliminares, la instalación técnica y el montaje inicial del proyecto. Esa primera fase abrió el camino para una de las obras más ambiciosas que tendría Colombia.
El nacimiento del embalse Salvajina se dio en enero de 1985, cuando inició el llenado que creó un cuerpo de agua de 30 kilómetros. Meses después, en junio, la estructura fue bautizada oficialmente como “Ciro Molina Garcés”, y en agosto comenzaron a operar las turbinas que generaron los primeros 90.000 kilovatios de energía para el Valle del Cauca.
Finalmente, el 9 de diciembre de 1985 se realizó el corte de cinta que dio inicio formal a la operación de Salvajina, fecha que hoy cumple cuatro décadas.
Ubicación y propiedad de Salvajina: una obra caucana con impacto regional
La Central Hidroeléctrica de Salvajina está ubicada en el departamento del Cauca, específicamente en los municipios de Suárez, Morales y Buenos Aires, pese a que su impacto beneficia principalmente al Valle del Cauca al regular el río Cauca y aportar energía y agua a la región. Aunque la CVC participó en la planificación y construcción inicial, la infraestructura física y el embalse estas ubicados en el territorio caucano.
En cuanto a su propiedad, Salvajina fue construida por el Estado colombiano en la década de 1980 a través de la CVC y EPSA, como un proyecto público de control de inundaciones y generación eléctrica. Sin embargo, en 2009 inició un proceso de privatización cuando el Grupo Argos, a través de Celsia, adquirió el 50 % de EPSA. Desde entonces, la central pasó a manos privadas y hoy pertenece en un 100 % a Celsia Colombia S.A. E.S.P., que la opera desde hace más de una década. No ha habido ventas recientes de la central; en 2025 solo se vendió un campamento auxiliar en Suárez a la Universidad del Valle. Este cambio de propiedad ha generado debates sobre beneficios para las comunidades locales frente a los grandes sectores agroindustriales del Valle.

Una inversión histórica para el desarrollo del Valle del Cauca
El megaproyecto tuvo un costo de 285 millones de dólares de la época, cifra que ajustada a la inflación equivale a cerca de 855 millones de dólares actuales. Pero más allá de la inversión, Salvajina se convirtió en un referente de ingeniería nacional, planificación a largo plazo y visión territorial.
Gracias a la regulación del río Cauca, Salvajina ha impedido las inundaciones que durante décadas afectaban al departamento. De igual manera, en épocas secas ha permitido liberar caudales para evitar racionamientos energéticos, manteniendo estabilidad en la producción de energía en el Valle del Cauca.
Salvajina sigue siendo una obra determinante 40 años después
Cuatro décadas después, Salvajina continúa operando de manera impecable. Su impacto supera las cifras: es una infraestructura que redefinió el desarrollo económico y social de la región, brindó seguridad hídrica, transformó la vida de miles de habitantes y sostuvo la energía en el Valle del Cauca durante generaciones.
Hoy, con el embalse al 56 %, Salvajina reafirma su importancia como obra multipropósito y demuestra que los proyectos bien concebidos y ejecutados pueden trascender el tiempo. La historia del Valle del Cauca no sería la misma sin Salvajina.
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