El régimen de Bashar al-Assad llegó a su fin este domingo tras una sorpresiva ofensiva relámpago de los rebeldes sirios, liderados por Hayat Tahrir al-Sham (HTS). La caída del dictador fue confirmada por Rusia, que anunció que Assad “dimitió” y abandonó el país. Los líderes rebeldes comunicaron
“Después de 50 años de opresión y 13 de crímenes y desplazamiento forzado, anunciamos el fin de este período oscuro y el inicio de una nueva era para Siria”
Una ofensiva relámpago y el colapso del régimen
En apenas una semana, los rebeldes tomaron control de ciudades estratégicas como Alepo, Hama, Homs y finalmente ingresaron a Damasco. La rápida pérdida de territorio del régimen, sumada a la inacción de sus aliados tradicionales —Rusia, Irán y Hezbollah—, precipitó el colapso. En Damasco, el aeropuerto fue evacuado, y se informó de la liberación de prisioneros en la prisión militar de Saydnaya. El primer ministro sirio, Mohammed Ghazi Jalali, aseguró que el gobierno está dispuesto a entregar el poder a una autoridad de transición.
Transición política y retos para el futuro
La ONU llamó a una transición política urgente en Siria. Mientras diplomáticos de países como Rusia, Arabia Saudí y Turquía se reunieron en Doha para discutir la situación. Las conversaciones en Ginebra bajo la Resolución 2254 de la ONU buscarán establecer un gobierno de transición, redactar una nueva constitución y realizar elecciones supervisadas. Sin embargo, el futuro inmediato del país es incierto, mientras los sirios celebran el fin de un régimen que dejó casi medio millón de muertos y desplazó a la mitad de la población.
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